Responsable de la Oficina de
Atención a las Migraciones del
Ayuntamiento de Burlada
El pasado 6 de Mayo el Colegio organizó una jornada de profesionalización en la Universidad dirigida al alumnado de últimos cursos de carrera. La invitada Sara Soto expuso su trayectoria laboral en el mundo de la Sociología ejemplificando el modo en que hoy en día se está produciendo la inserción de las personas recién tituladas. En su testimonio, además de suministrar dosis de motivación, proporcionó muchas pistas para la futura generación de profesionales, por lo que hemos considerado muy interesante el transcribir parte de la sesión. En los próximos números de Auzolan se publicará el final de la sesión.
Sara Soto
Iñaki Lavilla: Sara, ¿por qué eliges estudiar, en un primer momento, Trabajo Social? Sara Soto: Era un tema vocacional. Yo quería algo relacionado con los demás, de trato al público y además estaba la influencia de esa creencia según la cual las chicas nos dedicamos más a temas de ayuda a los demás, la educación... Bueno, eso ya va cambiando pero en mi época, que estudié en el año 1995, el 95 % de las personas que hacíamos Trabajo Social éramos mujeres. Socialmente hay un peso que influye a la hora de elegir una carrera u otra, pero tenía muy claro que quería estudiar esta carrera. De hecho me fui a la trabajadora social de mi pueblo para que me contara un poco qué hacía ella, y reafirmarme en que quería estar estudiar esto.
- Cuando acabas Trabajo Social decides pasarte a Sociología a través de un curso puente. ¿Qué te lleva a toma esta decisión?
Por una cosa muy mundana, que era que no tenía trabajo. Así como la elección anterior fue muy vocacional, estudiar Sociología no se me había pasado nunca por la cabeza el elegirlo como primera opción. Pero aquello del terror a enfrentarse al mercado laboral y ver que no tenía trabajo fue lo que me decidió a seguir estudiando. Eso, y el tener una licenciatura me parecía positivo, el seguir formándome me parece súper necesario sobre todo en carreras amplias y generales como puede ser Trabajo Social o Sociología. Son carreras que tienen una parte muy positiva al tocar muchos temas pero a la vez hay que ir canalizando un poco. En su momento me pareció muy complementario, y de hecho lo es. Pero la motivación fundamental fue el no tener trabajo. Sí que es cierto que al acabar la carrera mi vocación ha ido más por el ámbito de la Sociología que del Trabajo Social. No sé si cambié mis prioridades, la mente...
- En aquel momento Sociología tenía unas cifras de matriculación de 50 ó 60 personas pero en Trabajo Social no entraba todo el mundo que quería.
Socialmente me parece que está claro qué hace un trabajador social, públicamente más o menos todo el mundo sabe que se dedica a menores, o a tercera edad. Más o menos se tiene una idea sobre los temas sociales donde está entrando el Trabajo Social. Sin embargo no está tan claro qué hace un sociólogo. Yo no sé de quién habrá sido el problema pero no se ha sabido vender la carrera y eso tira un poco más para atrás a la gente a la hora de elegir Sociología para estudiar. Yo nunca habría elegido esta carrera porque no sabía muy bien para qué, ni cómo. Creo que socialmente no existe una definición clara, se suscribe mucho al ámbito de la Universidad y no se ha hecho una buena venta de la carrera. Cuando estudiaba, el Diario de Navarra publicó un artículo sobre las carreras y la valoración que se hacía era muy negativa, y eso influía a la hora de atrapar más alumnado.
- Cuando acabas Sociología te planteas el dilema que nos planteamos todos, como sé poco voy a seguir estudiando. Empiezas con los estudios de doctorado y si no recuerdo mal empiezas a currar en lo que sea. Conforme me voy metiendo en el tema de la Sociología, a mi me va atrapando bastante y sí que veo la necesidad de seguir formándome, para mí ha sido muy necesario el ir definiendo el camino hacía donde dirigirme. Creo que es importante el hacerlo, el seguir especializándome y ver cuáles eran mis intereses. Entonces estaba el programa de la suficiencia investigadora, que era un año de cursos teóricos; allí me fui dirigiendo un poco al tema de inmigración y el segundo año era una especie de tesina. Yo ahí me centré en asociaciones de personas inmigrantes. ¿Qué me fue definiendo? Pues sobre todo los profesores que más te motivan. Por ejemplo, Antonio Izquierdo fue alguien que me gustó y me sedujo al tema de inmigración. Yo ahí paré. La idea hubiera sido continuar la tesis, pero en aquel momento valoré que era demasiado esfuerzo invertir tantos años en un estudio concreto, pero siempre es una puerta que está abierta. Sobre mis inicios en el mundo laboral, os podéis imaginar que mis primeros trabajos no tenían nada que ver con la carrera: dependienta, camarera... Los últimos años de la carrera fue compaginar las dos cosas, tenía muy claro que era algo temporal para sacarme unas pelas, que tenía que seguir intentando buscar algo relacionado con lo mío. Yo os animo a que cuando salgáis al mercado laboral, aunque las cosas parezcan muy difíciles, no os desaniméis. Trabajos relacionados con la carrera….lo de encuestadora es un poco la vía de entrada, y aunque las condiciones pues... eso, a mi sirvió sobre todo para contactar con gente. La gente que a mí me pedía que hiciese encuestas me pedía después colaboración para hacer otras investigaciones. No tiréis en saco roto el hacer encuestas porque vuestro nombre está ahí y os pueden llamar posteriormente para colaboraciones más puntuales. A mí me ha pasado.
- Cuando trabajas con encuestas, ¿te das cuenta hasta dónde sirve como herramienta social, hasta dónde no, los intereses económicos que hay detrás?
Cuando he estado de encuestadora, no he participado en el diseño global de toda la investigación y te quedas con una parte muy limitada. A mí me sirvió para hacer callo, quitarte las vergüenzas, coger coche e ir aquí y allí, soltarte. La primera va muy mal, pero en la décima le vas cogiendo el tranquillo. Mis primeras experiencias fueron dentro del trabajo de campo, en donde no ves muy bien la configuración global del proyecto. Eso en un primer momento aunque luego sí he participado más en investigaciones de diseñar y de todo. Después empecé a trabajar de becaria. Comentaros que el trabajo de becaria surge a partir de la bolsa de empleo de la Universidad; es importante estar apuntada en bolsas de
empleo, ya sea esa, ya sea la del Servicio Navarro de Empleo, la de FOREM, la del Colegio de Sociólogos, o donde sea... El trabajo surge de ahí. No sé si me cogieron por la titulación de Sociología pero era un poco también para hacer encuestas. A lo que voy es que, de primeras, no te van a coger de “socióloga” para hacer una investigación, pero que no desechéis todo lo os pueda surgir alrededor. Estuve como año y medio en la Unidad de Promoción y Desarrollo, que es un organismo dependiente de la Cámara de Comercio, haciendo investigaciones, con mucho de trabajo de campo pero participando en la elaboración final del informe, viendo un poco más el panorama global de las investigaciones. Fue muy bien el contacto con el organismo en sí, con la gente, fue una experiencia positiva. Por las pelas, nada, pero en un primer momento valore más el tener currículo que el tener dinero. También porque me lo podía permitir y entiendo que las circunstancias de cada uno son las que son. Estando ahí surge la posibilidad de otra beca. Me llama Miguel Laparra, profesor de Trabajo Social para informarme de que el Gobierno de Navarra sacaba unas becas para sociólogos para el departamento de Bienestar Social. Esto son becas que se anuncian en el Boletín Oficial de Navarra. Aunque sea un rollo andar mirando, os animo a que lo consultéis porque es la manera más adecuada de enteraros de convocatorias, de estudios y de todo lo que hace el Gobierno. Esas becas van saliendo, van pidiendo diferentes perfiles, cada año o cada dos años están ahí. Entonces, yo presenté el proyecto y me eligieron para estar de becaria en el departamento de planificación. Ahí es donde coincido con Iñaki Lavilla, empezamos a trabajar juntos y la experiencia como becaria fue otra vez muy positiva.
- La plaza que pasó a ocupar Sara, anteriormente estaba cubierta por periodistas. El proceso de selección de los periodistas era básicamente “a ti te cojo”, que quiere decir que tiene que haber alguien que “a ti te coge”. Entonces, en el departamento no había sociólogos, fui el primero, y se plantea la posibilidad de convertir las plazas de periodistas por la de sociólogos. Parece lógico que en las tareas de planificación de Servicios Sociales haya sociólogos, pero no lo es tanto porque en la práctica no ocurre eso. Se saca la convocatoria, y hay varias personas compitiendo. Las condiciones eran unos 600 euros, pero para poder entrar además de currículo había que presentar un proyecto de cómo vas a trabajar, sin tener ni idea. Se hizo una valoración de todo y se le llama a Sara y la primera sensación que se tenía en el departamento era “y ¿qué demonios va ha hacer esta chiquita?”, y le empieza a caer trabajo por todos los lados. Pero bien, estaba encantada, porque yo en principio quería trabajar. Sí tuve esa sensación de indefinición, no sabían ni lo que había que hacer, ni lo que no... existen estos indicadores, pides explicaciones y nadie te decía nada. A mi me costó redactar este proyecto porque era un poco caos. Pero bueno, para mí fue muy positivo trabajar allí por varios motivos. En un principio, el estar dentro de la administración y conocer cómo funciona, concretamente el departamento de bienestar que para mi es el que más me interesa. Y luego el acceso a un montón de información, a un buen número de planes del Gobierno: el plan de exclusión, el de familia, etc. Era un lujo el poder leerlos y comentarlos con las personas que los estaban haciendo. Luego contactar con la gente, te llaman ”oye mira ahí esto”, ”pues preséntate”, o “te interesa esto”. En una sociedad en la que no se sabe muy bien dónde ubicarnos, el tema de los contactos es primordial. Por eso no rechacéis cosas que os puedan parecer tontas porque esa gente os puede llamar después. El trabajo principal que yo desarrollé fue el listado de indicadores del plan de inmigración del Gobierno de Navarra, todos los departamento de salud, educación... y luego ir recogiendo la información necesaria para esos indicadores.
- Entonces, tu planteas un trabajo que no se hacía en ese momento No, ellos te dan unas mínimas pautas del proyecto que querían hacer, pero era un planteamiento muy general que luego al ir cuestionando te das cuenta de que había una indefinición grande, pero tenían claro que querían hacer un sistema de indicadores, aunque primero había que definirlo bien.
- Cuando se lanza el proyecto, la gente que plantea la idea de indicadores no sabe muy bien qué es, pero estaba de moda. La gente que tenía que gestionar y definir el proyecto no lo tenía muy claro. Hay cantidad de gente que encarga cosas y realmente no tiene ni idea ni qué quiere, ni para qué lo quiere, ni cómo lo va a usar, ni a qué conclusiones va a llegar. Y este era el caso. Sara y yo hemos tenido agrias discusiones con personas que no sabían distinguir entre un indicador cualitativo y uno cuantitativo. No es una cuestión de profesión, de capacidad técnica, sino que gente de otras carreras no te reconocían esa capacidad. Sara confirmó la validez del sociólogo en ese papel porque la beca se ha consolidado. No sé si quieres contar alguna anécdota.
Cuando ves al político en la tele, pues todo bien. Pero resulta que yo tenía al becario periodista al lado y era él quién hacía los discursos. Pues todo eso que te pilla de pardilla en la administración y entras y dices “¡pero dios mío! si mi compañero le hace el discurso al consejero... o a quién sea”. Pero bueno, yo aparte de esas tareas administrativas, tengo un buen recuerdo. Fue un momento bueno del departamento, yo tuve acceso a mucha información que me sirvió para leer, para formarme y para conocer un poco por dónde moverte, por dónde pedir, conocer los recursos y su gestión. Esto es muchas veces lo que falta cuando acabas la carrera, a quién le pido, el qué, cómo... la mía fue una buena entrada al mercado laboral. Estuve un año de becaria y entonces lo valoré como suficiente. Son becas que se conciben para dos años pero creo que con uno es suficiente porque sino empieza a ser un trabajo repetitivo. Claro, eres socióloga pero tampoco eres profesional, unas cosas sí te dan, otras implican otra serie de responsabilidades.
- Cuando acabas la beca ¿te planteas otra vez buscar trabajo de dependienta...?
En principio tuve suerte porque estando todavía con la beca cuando recibo una carta del Servicio Navarro de Empleo informando que el Ayuntamiento de Burlada hacía un proceso de selección. Me parece interesante que veáis que los trabajos que he conseguido han sido a través de la bolsa de empleo de la Universidad, a través del Boletín Oficial de Navarra y presentando un proyecto, o a través del Servicio Navarro de Empleo. Hay que estar al loro de esas cosas porque surgen. Entonces, el Ayuntamiento de Burlada quería hacer un diagnóstico de la situación que estaba surgiendo en el municipio en torno a la inmigración, e hizo una convocatoria para hacer un examen, y se pedía la titulación de Trabajo Social. Me eligen a mí, junto con tres personas de nacionalidades diferentes para hacer el estudio. Aunque se pedía ser titulado en trabajo social, el perfil era sociológico, entonces ¿realmente la sociedad sabe que los sociólogos servimos?, o ¿pedimos en trabajo social o en otras cosas y luego que haga funciones de sociólogo?. Yo ahí veo que no queda claro el perfil de trabajo. Bueno, fue una investigación durante seis meses con un equipo de cuatro personas. A mí me tocó coordinar el equipo, diseñar el proyecto, hacer trabajo de campo y la redacción de un Plan de Inmigración.
- El equipo de trabajo erais de diferentes nacionalidades, ¿era un equipo multidisciplinar?
Estábamos un chico de Marruecos, una chica ecuatoriana, una chica búlgara y yo.
- Me imagino que en la carrera visteis cosas de trabajo en equipo...
En trabajo social sí dimos trabajo en equipo, grupos... más que en Sociología. Pero bueno, tampoco es algo nuevo.
- En ese momento Burlada tenía el 8 ó 9% de población inmigrante. En ese contexto el Ayuntamiento de Burlada, con buen criterio, decide analizar la situación y elaborar unas políticas al respecto, ¿en otros municipios también se lo están planteando? Fue curioso, mi jefe estuvo en el curso de doctorado conmigo y también le encantó Antonio Izquierdo, que fue quién le despertó la bombilla, tomó conciencia y dijo “como encargado de temas sociales tengo que tomar el tema de inmigración”. A veces, a las personas que están en puestos directivos, si no se les enciende la bombilla, hay que hacer que se les encienda.
- Después de esos 6 meses, ¿vas a la calle? Esos seis meses se acaban, era un proyecto en el que contrataron a 4 personas a jornada completa, todo subvencionado por el Servicio Navarro de Empleo y el ayuntamiento no puso un duro. Lo digo porque a veces también hay subvenciones, hay líneas de investigación que pueden estar financiadas e igual se desconocen. Pero entender que para mí la formación es el continuar, el seguir haciendo, no es “ya estoy inserta en el mundo laboral y ya estoy” no es que hayáis acabado la carrera y ya está. No, en realidad, es ahora cuando empezáis, cuando tenéis que especializaros, porque si no ¿qué os diferencia de los demás? En toda esta trayectoria laboral, la formación es un punto importante, que para mí hay que tener en cuenta. Bueno, después de la investigación surge un Plan, y una de las propuestas que habíamos sugerido como medida a adoptar era la puesta en marcha de una oficina de atención e información a inmigrantes. Como ésta, había muchas más y no sabíamos qué iba a hacer la administración, pero hubo la suerte que por decisión política se quiso poner en marcha esta oficina. Es el lugar donde estoy ahora trabajando. El modo de gestionarlo fue a través de un concurso público. Sacaron un pliego de condiciones para una subcontrata de un servicio, como se hace, por ejemplo, para la limpieza de las calles. Cada vez más, se da que las administraciones subcontraten servicios, de tercera edad, de mujer, de juventud... Esto supone que cualquiera, dándose de alta como empresa o como autónomo, se puede presentar. Y es lo que a mí me tocó hacer, constituirme como empresa. Imaginaros el temblequeo: qué es lo que tengo que hacer, qué es esto, los impuestos (IVA, IRPF....); de hecho tuve que poner mil euros como fianza al ayuntamiento. Pero bueno, al final lo de siempre, si te apetece trabajar en lo tuyo, pues mira, te compensa y para adelante. Al final todo se aprende y todo se hace, y se pregunta y se va a donde tienes que ir. A mí me parece que es un ámbito donde los sociólogos reconvertidos podéis tener un campo de actuación. Digo sociólogos reconvertidos porque yo soy socióloga pero trabajo como técnico de inmigración, y vosotros podéis trabajar como técnico de igualdad, o de juventud... Digamos que la licenciatura es una base, y a partir de ahí podéis ser lo que queráis. Con las subcontratas se están abriendo ámbitos y campos de trabajo. Yo no defiendo las subcontratas, yo preferiría ser una contratada laboral pero es lo que hay.
- Estar como empresa te obliga a hacer un seguimiento de tus propios gastos, determinadas cosas a hacienda... y si la entidad contratante decide acabar con el proyecto te vas a la calle... Y no tengo ni paro. Las condiciones..., a vueltas con el interventor para que pague... como anecdotilla, cuando empecé hace cuatro años seguía viviendo con mis padres y me daba igual que me pagara cada dos meses, pero ahora ya le mando e-mails amenazantes...
- ¿Ha habido cambios políticos en el ayuntamiento y como te influye esto en tu trabajo? Por mucho que me quiera montar la empresa, como no haya voluntad política de abrir la oficina ya me puedo dar de cabezazos contra la pared. Sí, es un tema de voluntad política, pero hay sensibilidad con estos temas en el ayuntamiento de Burlada. Es buen momento ahora para trabajar temas de inmigración. Lo que quería comentaros es que desde Madrid estamos recibiendo, todos los Ayuntamientos que así lo solicitamos, dinero para acciones relacionadas con la inmigración. A nosotros nos están dando del orden de unos 60.000 euros al año como subvención y es un dinero que permite sacar proyectos adelante. Hay cosas que pongo yo en marcha, pero hay otras que no me da la vida, o no sé hacerlas y entonces las subcontrato, y como yo otros ayuntamientos. Entonces, si tenéis proyectos, presentarlos, pueden salir para adelante porque en estos momento se está dando dinero para inmigración, se está abriendo campo y yo creo que se irá a más. Empiezan a llegar las segundas generaciones con otras problemáticas, se va asentando la población... además en estos temas, como está todo sin hacer, pues a nada que hagáis un estudio mínimo, pues ya sabéis más que nadie.