La takiya se ha implantado como autocensura en los medios de comunicación de Francia y de toda Europa. La gran paradoja es que, incluso Le Pen, un autentico boca de hierro, la emplea también. Cuando dice no a la inmigración se está refiriendo a la llegada de más musulmanes, ya que está de acuerdo con la incorporación a Europa de los países del Este (de religión orto doxa) e incluso Rusia y Ucrania en lugar de Turquía. Cuando se habla de los barrios sensibles, banlieux,, hay que entender que se trata de unos 1.200 barrios islamizados en los que no entra la policía.
La segunda intifada en Francia genera un auténtico enfrentamiento comunitario de algunos musulmanes contra los judíos. Más de 700 ataques en un año. Hace 20 años, Le Pen emitía expresiones antisemitas, ahora apoya el muro de 700 Km. que está construyendo Israel para aislarse de los musulmanes palestinos. El Islamismo es ya en Francia, Alemania, Holanda o España una quinta columna, resultado de la takiya. Ni Francia ni Alemania se atrevieron a invadir Irak por miedo a sus ciudadanos musulmanes respectivos y a quedarse sin gasolina.
La tradicional división europea en izquierda y derecha, progresistas y conservadores, en ricos y pobres es víctima de la takiya. La prueba más clara es que para desarrollar una política común frente al Islam se están creando gobiernos de unificación de conservadores y socialdemócratas en Alemania, en Holanda, en Dinamarca, etc. Mi hipótesis es que la takiya va a llevar también a los musulmanes más radicales a votar a Le Pen para foutre le bordel, para agravar las contradicciones, para echar un pulso al Estado fran cés, como se lo echaron y ganaron a Dinamarca con las viñetas.
Le Pen propuso hace 20 años unas 30 medidas contra la inmigración (léase contra el Islam en Francia): cierre de fronteras, supresión del concepto de refugiado, limitación de la reunificación familiar, prohibición de la poligamia, expulsión de los sin papeles, supresión de las ayudas económicas y de la asistencia social a ilegales, expulsión de los que llegan en pateras, etc... Aproximadamente unas 18 de esas medidas las han ido tomando los sucesivos gobiernos de izquierdas y derechas. Según el Derecho Público Internacional y los tratados diplomáticos de Francia con el Magreb, Le Pen no puede proponer expulsar marroquíes o argelinos. Según la tradición republicana francesa y la Constitución, Le Pen no puede proponer esas medidas refiriéndose a la religión de los expulsables. Por eso emplea el concepto de inmigrante ilegal que en Francia es una metáfora de musulmán magrebí. De esa manera evita que le puedan juzgar y condenar por islamofobia. |