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Colegio Navarro de Doctores y Licenciados en
Ciencias Políticas y Sociología Nafarroako Politologoen eta
Soziologoen Elkargoa |
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Informativo |
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Artículo de opinión.
Gestionar el cambio político
Luis Sarriés Sanz. Catedrático de Sociología Industrial de la UPNA |
L os resultados de las elecciones políticas de cualquier país democrático suelen ser objeto de numerosos análisis. Se trata de un hecho social significativo cuya interpretación es siempre muy compleja. A todos nos interesa conocer porqué las decisiones de las personas, expresadas a través de una papeleta, el voto, se orientan en una dirección o en otra y cuáles son las leyes que se esconden detrás de este fenómeno.
En principio, cualquier elección significa una apuesta por el cambio. No hay partido político que ofrezca el mismo programa que en convocatorias anteriores. Todos intentan atraer los votos con el señuelo del algún cambio, aunque unos presenten el cambio como mejora en la línea de lo que se está haciendo y otros busquen un giro hacia nuevos objetivos. Las sociedades modernas no son estancas y están sometidas a tensiones internas que afectan a la escala de los valores, a la prioridad de los mismos, a las creencias, a las identidades. Las tensiones buscan un punto de equilibrio que nunca está en el punto de partida. La sociedad, protagonista y actora de su destino, asume progresivamente las adaptaciones exigidas por el cambio. Otro tema diferente es cómo los líderes políticos identifican la fuerza del cambio y aciertan en su gestión.
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Los resultados electorales visualizan los cambios que estaban ahí, que se habían producido en la sociedad y que encuentran un cauce de consolidación en las propuestas de los partidos.
Querer dirigir una sociedad pensando que no se producen cambios internos importantes o que el cambio, cualquiera sea la dirección en la que se mueva está lleno de peligros, es una profunda equivocación.
Probablemente todos estamos de acuerdo en algunos principios que la sociología nos ofrece al analizar el cambio. El primero dice que el cambio, en principio, es bueno y que llega cargado de oportunidades, no sólo para los individuos, sino también para las organizaciones, en este caso, los partidos políticos.
El segundo es que el cambio no es patrimonio de nadie, pero lo lideran aquellas personas y colectivos que tienen el olfato político para identificar los sentimientos profundos y las nuevas necesidades de la gente. Esto significa que, aunque todos los grupos políticos dicen estar abiertos al cambio, no siempre integran en su programa y en su quehacer cotidiano los cambios demandados por una parte de la sociedad. El tercero es que el cambio siempre lleva consigo «perdedores», es decir, personas dentro de los partidos, o también colectivos, como los mismos partidos, que no han percibido la necesidad del cambio, que bloquean las tentativas de adaptarse a las nuevas demandas de la sociedad. El problema no radica, en principio, en la necesidad de ver rostros nuevos, o de cambiar a los líderes, sino en la capacidad de éstos para regenerar al colectivo que dirigen, identificar las tendencias sociales nuevas y asumirlas en programas de cambio. Estas apuestas no se resuelven con «cambio de cromos», o excluyendo sistemáticamente al adversario político, sino en un esfuerzo por integrar los mensajes recibidos de los electores. |
Finalmente, es equivocado pretender frenar el cambio, en cualquier dirección en la que quiera producirse, porque al final, el cambio es como una corriente' profunda de agua que acaba por aflorar, antes o después, y en los lugares y colectivos que menos esperábamos. Los modelos de sociedad y de convivencia no están hechos para siempre. Son, por su propia naturaleza, modelos y sistemas abiertos, ya que dependen del consenso de los ciudadanos. |
La gobernalidad futura de Navarra no debería depender de Madrid, ni de otros centros de decisión lejanos, donde lo que suele estar en juego es cómo se reparte el poder . " |
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Dicho esto, es evidente que una parte importante de la sociedad navarra, aglutinada en torno a diferentes siglas políticas, lleva en su interior la fuerza del cambio. Y es evidente que hay otra parte importante que está de acuerdo con el statu qua y que se resiste a admitir que las cosas pueden ser de otra manera. Sin embargo, los que apuestan por un cambio que recoge las necesidades de la gente, son los que aprovechan las oportunidades del momento electoral.
Desde esta perspectiva, la gobernalidad futura de Navarra no debería depender de Madrid, ni de otros centros de decisión lejanos, donde lo que suele estar en juego es cómo se reparte el poder. Ya nos bastó a los navarros con las divisiones entre agramontes y beamonteses, en las que Navarra era siempre objeto de cambio de señores extranjeros. Es, sin duda, una tarea muy difícil la de armonizar las exigencias de cambio de una parte de los navarros, con la resistencia a determinados cambias manifestada por otros. Y parece complicado que pueda conseguirse en estas semanas de negociación. Pero el conflicto no se resuelve con la identificación de unos navarros con el ostracismo y la extrema derecha, o de otros con la ambigüedad desleal, o de otros con el separatismo a cualquier precio, ni de otros con el terrorismo permanente. Todos somos navarros que queremos un cambio hacia una comunidad diversa, tolerante, abierta al diálogo, democrática, respetuosa con todas las opciones, solidaria y cohesionada. Y la responsabilidad de todos los políticos es conducimos por este camino.
Diario de Navarra 04-06-07
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